martes, 12 de marzo de 2013

Chávez: mito, historia e hipocresía de la elite chilena

Chávez: mito, historia e hipocresía de la elite chilena - El Mostrador

A la luz de las críticas desde la derecha local al gobierno de Chávez, quizás el mito más insoportable de todos es el de Chile y su sobriedad política. El chauvinismo de resaltar esa “bicentenaria tradición democrática”, como un galardón que nos distingue de un barrio con “tendencias populistas”, esconde en el fondo tanto una mistificación de lo que ocurre fuera de las fronteras como dentro de ellas. Los sudamericanos que han electo gobiernos denominados populistas no son ni más ni menos tontos que los chilenos que eligieron a Bachelet o a Piñera. Los argentinos que aclamaban a Perón no estaban menos enajenados que los que cantaron el “Cielito Lindo” para aclamar en 1919 a Alessandri, llamado sobria y republicanamente como “El León”. Es fácil tildar de “culto a la personalidad” el enorme apoyo popular a Chávez o a Correa, pero negarlo cuando se habla de Bachelet. Es fácil decir que hay mitología en el funeral del ex presidente venezolano, pero no en el del General de Carabineros José Alejandro Bernales. A decir del analista internacional Raúl Sohr “es llamativo que un éxito, tan esencial como el de lograr una distribución más ecuánime del ingreso, sea descartada en círculos financieros aplicando el calificativo de populista. Más que una categoría de análisis el populismo es un epíteto que, a menudo, es aplicado a los que buscan una redistribución de la riqueza por vías que no son las del mercado”. ¿El antónimo de populista sería, entonces, elitista? Nuestra pretendida sobriedad pareciera ser más bien un temor al exceso en política, a exceder las fronteras de lo permitido por las elites. Como ha sostenido Gabriel Salazar, la mítica sobriedad que se supone nos caracteriza en el continente no es “natural”, sino que resulta de las decenas de masacres que el Estado ha perpetrado bicentenariamente contra ciudadanos desarmados por intentar ampliar los límites de lo posible. Más que sobriedad, lo que nos caracteriza dentro del continente es el miedo. Y ese miedo, en la historia reciente de Chile, está en la base de la fragilidad de actores sociales no estatales, particularmente en aquellos que rehúyen de la sobriedad estabilizadora.

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