sábado, 31 de diciembre de 2011

Las nanas

Las nanas » The Clinic Online

La a palabra nana me produce resquemor. Diría que hasta un poco de vergüenza. Representa la desprofesionalización completa del oficio de empleada doméstica. La carga de afecto que le agrega esconde una condena. La vida de la nana le pertenece más de la cuenta a la familia del patrón. La buena nana es abnegada, amorosa, sacrificada. Tiene una voluntad de oro. Sólo con ella la guagua se calma, el mañoso come y los hermanos detienen las pateaduras y mechoneos. A veces, la humillan con sobrenombres y evidentes faltas de respeto. “Paciencia y resignación”, repetía una que conocí por ahí, sin una pizca de odio.

La ley es el dueño de casa, no el código laboral. Si así fuera, dejaría de ser nana para convertirse en empleada doméstica. Pero tal cosa implicaría para el empleador aceptar un extraño en el hogar, una subordinada con quien más allá de su función se puede llegar a generar un alto nivel de complicidad, y amistad, supongo, sin por eso fingir que es uno del clan. Si éstas se produjeran –la complicidad y amistad que tanto pregona el querendón de su nana-, de más está decir que la liberaría de distingos, respetaría su individualidad, la haría parte de su piscina. Los amigos son para jugar juntos y tratarse de igual a igual, así uno sea príncipe y el otro mendigo.

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