viernes, 25 de noviembre de 2011

Yo estuve allí: no hubo empate

Yo estuve allí: no hubo empate - El Mostrador

No hubo tal empate. Hasta el interior del Club Providencia llegó un grupo cerrado de pinochetistas que recordaron viejas expresiones como “matar a la perra”, “humanoides”, “bien matados”, “terroristas-asesinos”. En las afueras se reunió un grupo diverso de hombres y mujeres, muchos de los cuales jamás se habían visto. Eran integrantes de las agrupaciones de derechos humanos -víctimas directas de la dictadura y personas que arriesgaron la vida en esas organizaciones- y chilenos de distintas edades indignados con ese acto vergonzoso. Había vecinos –unos en bicicleta, otros con niños- que observaban curiosos cómo su barrio podía ser escenario de una manifestación ciudadana. Muchos de ellos se sumaron a la protesta cuando vieron que –sin mediar provocación- se les venía encima un carro lanza agua o debieron correr para escapar de los gases lacrimógenos. En una de las calles laterales, un vecino sacó su 4×4 para cruzarlo frente al carro policial y evitar así esa represión desproporcionada y sin sentido. “¡Idolóó! ¡Idolóó!”, le gritaban, ahogados y lagrimeando, quienes se refugiaron en su calle e intentaban no perder la calma ni el humor, animados por un joven que tocaba el bombo. Un ritmo que indicaba que, a pesar de los que estaban dentro del Club, Chile vive otra etapa, donde se puede cantar, bailar y protestar sin sentir miedo.

Es peligrosa la maldita tesis del empate que ignora estos hechos. Nos puede hacer creer que hay dos bandos, nos puede hacer sentir el miedo de la dictadura. Es grave que parezca objetivo informar del mismo modo cuando se lanza un huevo, una bomba de pintura o un insulto, que cuando se reprime con brutalidad, se dispara una bomba lacrimógena al estómago de una mujer que se encuentra a cinco metros o se descargan gases contra una multitud que no sabe hacia dónde arrancar para poder respirar. Allí no hay empate. Hay un grupo de ciudadanos enojados sin ningún tipo de armas (los destrozos fueron provocados por los carros de carabineros y por unos pocos que recogieron piedras en el mismo lugar) y una policía que parece desquiciada, intentando cumplir la orden de proteger a quienes celebran a un criminal.

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