miércoles, 26 de octubre de 2011

Los conflictos de interés tras el negocio de las agencias acreditadoras de universidades

El Mostrador


Hace poco más de dos semanas la Universidad Nacional Andrés Bello recibió una buena noticia: logró acreditar por cinco años el Programa de Formación de Especialistas en Psiquiatría del Adulto. Un punto a favor para una universidad que se creó el año 1988 y que se ha posicionado entre las principales instituciones privadas de educación superior del país.

“El objetivo de la acreditación de los programas de las especialidades del área salud es, en último término, velar por la calidad de los cuidados profesionales médicos y por el respeto de los derechos y la dignidad de los enfermos”, señala en su sitio web Apice Chile, la agencia que acreditó la especialidad que si bien cumplió con la ley al momento de dar los años de gracia, con este cotidiano hecho deja al descubierto uno de los cuestionamientos más duros en contra del sistema de acreditación: los conflictos de interés que eventualmente pueden tener los dueños de las agencias, uno de los pilares del modelo. A veces están en la vereda de los evaluadores y, en otras ocasiones, en la de los evaluados.
El decano de la Facultad de Medicina de la UNAB fue hasta marzo de este año Pedro Uribe, quien abandonó ese puesto para hacerse cargo de la rectoría. El punto es que al mismo tiempo que dejaba el decanato, también renunciaba al directorio de Apice Chile, que sólo meses después acreditaría la especialidad de la UNAB.

Las agencias fueron creadas por la Ley Nº 20.129 de noviembre de 2006, que estableció un Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad y creó la Comisión Nacional de Acreditación (CNA). Los criterios de calidad son definidos por la ley. Si las carreras cumplen, se acreditan por hasta siete años. En el caso de los postgrados, el tope es de 10 años.

Sin embargo, muchos expertos coinciden en que su nacimiento fue un parto con fórceps. Eugenio Díaz –ex vicepresidente de la Comisión Nacional de Acreditación y actual consejero del organismo– dice que las agencias de acreditación fueron creadas por sugerencia de quienes temían que la CNA expresara una intromisión indebida del gobierno en la autonomía de las instituciones de educación superior, refiriéndose a la derecha. “Para compensación o contrapeso se propuso la creación de las agencias acreditadoras, instituciones privadas, sin tradición en el país, asignándole la función de acreditar carreras de pregrado en las áreas en que fueren autorizadas y programas de magíster”, señala Díaz.

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