sábado, 17 de septiembre de 2011

La corrupción

La corrupción » The Clinic Online

Porque si la corrupción es confundir lo de todos con lo mío, lo de todos con lo de mi grupo, este gobierno es el más corrupto de nuestra historia. Si la corrupción en los gobiernos anteriores pudo ser un error, un exceso, una caída, o hasta un sistema, en éste se ha convertido en el eje mismo de su relato, el centro de su programa. Tan central, que no necesita que sus ministros o su Presidente sean deshonestos para corromperse. Corrupto, haya o no sacado las castañas con las manos del gato, es el superintendente de Isapres que fue socio de una, que ve impávido como sus socios de ayer y de mañana consiguen maravillosas utilidades. Y qué decir de los ministros Lavín, Larroulet y Ribera que no consideran siquiera necesario aclarar su participación en universidades privadas que hubiesen lucrado a espaldas de la ley. Y qué decir del Presidente, que da una entrevista exclusiva de horas en el que fue su canal, dirigido por la gente que escogió, con los periodistas más complacientes del mercado.

¿Qué tiene de malo que quienes hayan tenido éxito en el mundo privado se dediquen a lo público? Nada, si esas dos esferas en Chile no compitieran; si ese éxito privado no se hubiese hecho en detrimento de lo público. Industrias, universidades privatizadas a la mala y a la rápida. En Chile, el mejor negocio ha sido siempre el Estado. Pasar de lo público a lo privado no tendría nada si no se entiende que la frontera debe ser vigilada con especial rigor, y poner leyes y reglas claras; que dejarla libre es justamente abrirle el camino a los narcos, los terroristas y populistas. Pregúntenle a los venezolanos, colombianos, mexicanos, qué pasa cuando el que regula es el mismo que se beneficia, cuando el que hace la ley la hace a su medida, cuando el país es gobernado por sus dueños, cuando todo el aparato judicial y político se convierte en retórica vacía. ¿Será ese el legado del Presidente más bananero que hayamos tenido nunca? ¿Devolvernos del todo al triste destino colonial, esos países donde la igualdad ante la ley ha sido siempre un cuento que nadie, ni pobres ni ricos, están dispuestos a contarse?

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