miércoles, 17 de agosto de 2011

Reforma impositiva, clase media y empresarios

José Molés, de El Mostrador

La realidad es que el sistema no cumple el principio básico de que a igual ingreso y/o incremento de riqueza igual el monto de impuestos pagados, siendo los más castigados fiscalmente aquellos cuyas rentas vienen del trabajo. Discrimina a las familias por sobre los individuos y a éstos por sobre a las empresas. El diferencial de tasas entre las empresas y los individuos genera toda una “industria de la elusión”, claro que solo al alcance de una minoría y, por lo tanto, discrimina hasta en las posibilidades de eludir.

En toda esta maraña hay claramente un afectado que es la familia de clase media trabajadora. Debe pagar la hipoteca del departamento, ahorrar para la vejez, pagar el colegio de los niños, la isapre (si puede), pasar el mes y rezar todos los días para que un accidente, pérdida de trabajo o enfermedad catastrófica no los mande de nuevo 3 o 4 escalones socioeconómicos atrás. Debe pagar proporcionalmente más impuestos, siendo que no recibe prácticamente nada del Estado: ni salud de calidad, ni educación de calidad, ni pensiones suficientes.

Una clase media que recorre un amplísimo espectro socioeconómico y que podríamos definir como todas aquellas familias cuyo bienestar depende de su trabajo. Clase media que la Concertación ayudó a crear en sus 20 años de gobierno, pero que finalmente no comprendió ni atendió. Clase media cuyos hijos están demandando hoy una educación accesible (de verdad) y de calidad para todos, pero que mañana mismo comenzará a demandar una salud también accesible y de calidad para todos. Demandas que no son ni un capricho ni un lujo: son una necesidad impostergable y socialmente justa.

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