lunes, 22 de agosto de 2011

Carta abierta a las autoridades de la UCM

En el mes de mayo del presente año se inició una movilización estudiantil en todo Chile convocada, en primera instancia, por la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) y que luego se hizo extensiva a estudiantes de secundaria, de universidades privadas, de Centros de Formación Técnica (CFT), de Institutos Profesionales (IP) y de colegios particulares pagados. A la fecha de hoy se han incorporado otras organizaciones, como juntas de vecinos, organizaciones no gubernamentales, sindicatos, agrupaciones de profesionales, etc. En suma, ya se trata de un movimiento social transversal de carácter nacional y de cobertura internacional, cuyo objetivo más directo es producir cambios profundos en un sistema educativo en crisis, en todos sus niveles, que favorece la segregación social, el endeudamiento de los estudiantes en educación superior, el lucro y la falta de regulación en la oferta educativa.

A nivel nacional, el movimiento ha conseguido instalar en la opinión pública una serie de temas que durante mucho tiempo no formaron parte de la problemática política, social y económica discutida en los medios de comunicación y asumida por los diferentes poderes del Estado, a tal punto que llegó a repercutir en la necesidad del Gobierno de re-estructurar su Gabinete y del Congreso de tener que abrir sus puertas para escuchar las demandas de los representantes estudiantiles. En nuestra región este movimiento se ha expresado, principalmente, a través de un conjunto de actividades pacíficas, como manifestaciones ciudadanas que han logrado convocar a varios miles de personas y de acciones de fuerza, como la toma de establecimientos educacionales en diferentes ciudades, siendo nuestra universidad uno de esos establecimientos.

El 16 de agosto se cumplieron dos meses desde el inicio de la toma en la Universidad Católica del Maule. Se trata de un escenario complejo, sin embargo, otras universidades del Consejo de Rectores que también han estado tomadas, al día de hoy han conseguido establecer un diálogo honesto y transparente con sus estudiantes y con la comunidad universitaria, generando las confianzas para definir acuerdos que permiten, por una parte, desarrollar actividades académicas y administrativas fundamentales y, por otra parte, garantizar las acciones y la continuidad del movimiento estudiantil. Estas confianzas han sido construidas a partir de instancias democráticas y participativas, como también a través de un compromiso social y político de la institución con los problemas de fondo que han dado origen al movimiento estudiantil.

Pensamos que en nuestra institución aún estamos lejos de construir estos procesos de diálogo, basados en la confianza y en la participación democrática de la comunidad universitaria. En este sentido, algunas decisiones que se han tomado durante los dos meses de toma no favorecen en nada la superación de la crisis, como por ejemplo la de sacar rejas y cortar con motosierra una parte del cerco vivo en un momento en que las conversaciones con los representantes de los Alumnos estaba detenida. Tampoco ayuda la polarización interna que ha sido promovida por algunas personas en la universidad, poniendo las cosas en blanco y negro, en amigos y enemigos. Todo esto, además, en un clima de incertidumbre, alimentado por rumores y por amenazas que no se basan en una información transparente y fidedigna, como el cese de pago de sueldos o la inminente quiebra de la universidad.

Lamentablemente para nuestras autoridades la única preocupación, desde el comienzo, ha sido neutralizar la toma utilizando diferentes estrategias, sin asumir un compromiso real con las demandas de los estudiantes hacia el sistema educativo ni con su intención de seguir movilizados. En este sentido, no se ha considerado que la acción del movimiento en la universidad responde a un problema político y social que los alumnos han puesto por encima de las necesidades académicas, administrativas y financieras en una situación de normalidad. Hay que tomar en cuenta, además, que aquella normalidad es, en estos momentos, parte del problema y no de la solución, ya que debilita las acciones de los estudiantes hacia el Gobierno, los incita a “descolgarse” de la agenda nacional y hace invisibles las demandas de cambios estructurales en el sistema. Desconocer esto, es desconocer las causas que dan sentido al movimiento y, por lo tanto, es asumir una postura opuesta a las demandas estudiantiles.

Desde el Sindicato de Académicos de la UCM pensamos que no sólo es posible encontrar una salida apropiada al actual conflicto de la toma de la universidad, sino que además se presenta una gran oportunidad para comenzar a construir espacios auténticamente democráticos y participativos, basados en un diálogo transparente entre los diferentes estamentos que componen nuestra institución. Pensamos, además, que este diálogo fundamenta la construcción de una comunidad verdaderamente universitaria.

Sin embargo, para que se pueda establecer y proyectar un proceso de diálogo con estas características deben existir, a nuestro juicio, ciertas condiciones fundamentales:

En primer lugar, debe generarse una instancia de acercamiento y diálogo que considere, por una parte, la estructura en la toma de decisiones de la universidad y, por otra, la representación real de las personas que integran nuestra comunidad. La situación ideal sería que la estructura de poderes coincidiera con la representatividad y que existieran mecanismos para que las decisiones de las autoridades involucrarán a cada uno de los estamentos, como lo propone el concepto de gobierno universitario, en contraposición al paradigma de la empresa, donde hay una estructura jerárquica compuesta de un directorio, gerentes, empleados y clientes. En este sentido, y desde nuestro punto de vista, algunos procedimientos administrativos y académicos (tales como, por ejemplo, el procedimiento de elecciones a través de un comité de búsqueda) no son los más democrático para la definición de nuestros representantes ni de las autoridades. Sin embargo, y más allá de estos reparos, en la coyuntura específica que vivimos se debe intentar establecer una mesa de conversación con los estudiantes, integrada por personas que, por una parte, tengan poder de decisión o, al menos, apoyo real de la autoridad y, al mismo tiempo, tengan conocimiento del problema educativo que se discute a nivel nacional, siendo sensibles hacia las demandas del movimiento, además de contar con la credibilidad y confianza de parte de los alumnos.

En segundo lugar, urge revertir el clima de temor, de amenazas y de polarización que se ha instalado en nuestra comunidad y que, en estos momentos, tienen el conflicto prácticamente empantanado. En su lugar habría que potenciar un ambiente de confianza, a través de la transparencia en la información y del fortalecimiento real de la participación en la toma de decisiones para poner en funcionamiento la universidad sin perjudicar los objetivos del movimiento.

Por otra parte, es necesario también que el movimiento de estudiantes de la UCM tenga cuidado de no asumir posturas excluyentes y en la lógica de la polarización que se ha ido incorporando en la universidad. Aquí no hay buenos ni hay malos. Probablemente muchas de las personas que trabajamos en la universidad y también estudiantes hemos cometido errores durante este proceso. Gran parte de esos errores han sido por falta de conocimiento y de experiencia en situaciones como ésta, que constituyen un escenario nuevo para todo el país. La polarización y las visiones extremistas, sin racionalidad, no sólo impiden el diálogo, sino que terminan jugando en contra de las reales posibilidades de llevar a cabo transformaciones importantes.

Por último, creemos que se necesita que nuestras autoridades asuman y manifiesten un compromiso político para defender con fuerza a nivel nacional, ante el CRUCH y ante el Gobierno, una educación superior pública impartida por entidades privadas sin fines de lucro, en un contexto regional que demanda un apoyo mayor por parte del Estado, con todos los mecanismos de fiscalización que ello requiere.

Como Sindicato de Académicos nos comprometemos, dentro de nuestras funciones propias, a dialogar, colaborar, mediar y a hacer todo aquello que efectivamente ayude a construir una comunidad universitaria fraterna y dialógica en condiciones de libertad y justicia.

Sindicato de Académicos de la Universidad Católica del Maule

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