viernes, 24 de diciembre de 2010

Editorial: Pinos y Campanitas

The Clinic › Editorial: Pinos y Campanitas ›: "La versión hollywoodense de esta festividad se ha impuesto arrolladoramente al relato cristiano. Ya ni siquiera se trata del éxito de la versión nórdica y el derrumbe de la mediterránea, sino de la apoteosis de las luces, el mercado y los mensajes dulzones. Los pesebres asoman como una decoración pasada de moda. Importa mucho más el pino. Yo, de verdad, no termino de entender la onda del pino, muchas veces sintético, repleto de carambolas brillantes (antiguamente, San Bonifacio le colgó manzanas para representar las tentaciones), ampolletas que simulan lágrimas sonrientes y tiras de papel que relampaguean con una limpieza imposible para la plata, el oro o cualquier otro metal noble.

Dicen que en un comienzo lo adoraban los druidas (sacerdotes celtas), que de ahí pasó a Alemania y que a fines del siglo XIX una rusa lo introdujo en la corte de los borbones, pero todos estos son datos anecdóticos, porque aquí y ahora, el pino se prende y apaga con una bobería estrambótica. Ni siquiera esta lindura concita demasiada atención por estos días.

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