viernes, 4 de junio de 2010

Diálogo vía correo facebook con una buena amiga, en mi época de estudiante universitario


Mónica Castro Plaza El 03 de junio a las 13:26
Hola, Marcelo:

Estaba leyendo el artículo que enlazaste en facebook sobre Google Chrome y en el último tiempo he estado leyendo y escuchando sobre el tema en diferentes formas: el catálogo de ebooks que van a lanzar Random House, Santillana y Planeta; Steve Job diciendo que la era de los computadores llega al fin por el uso de dispositivos móviles; el suicido de varios trabajadores en la empresa Foxconn que manufactura equipos de compañías con Nokia y Apple; en un programa sobre informática el anuncio de una mano robótica que va a captar los movimientos de la persona con la que hablamos por chat y los va a reproducir para nosotros.
Me gusta la tecnología que tiene que ver con internet, porque quizá de alguna manera sintetiza mi necesidad con déficit atencional de poder saltar de una cosa a otra; de descompromiso para no quedarme en ninguna. En un momento en que decidí trabajar de manera independiente me vi sentada frente al computador varias horas al día, muchas en realidad; documenté por encargo un libro sobre historia de la sexualidad chilena y si bien me daba varias vueltas por la Biblioteca Nacional, la mayoría de los libros estaban digitalizados en una página que se llama www.memoriachilena.cl, pues a través de la Dibam (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos) se realizó esto con una gran cantidad de libros, especialmente aquellos que de tan antiguos ya no podían ser utilizados sin que sus hojas no se quebraran. Cada vez que encontraba lo que estaba buscando, en formato PDF, me sentía aliviada de pensar que sólo bastaba imprimirlo y leer sin viaje a la biblioteca.

La verdad al empezar a escribir esto y hasta ahora no sé muy bien qué es lo que quiero decir; no tengo nada que afirmar más que la sensación de que pese a estar “conectada” siento que todos los días algo cambia en esa conexión y que surge una necesidad medio inconsciente de seguir una carrera a la que cada vez estoy más ajena; que todo esto me produce mucha admiración, pero donde me siento cada vez más claramente una “Carmela de San Rosendo que llega a la ciudad”. No sé si es malo o es bueno. Pero se me hace cada vez más difícil desentrañar ideas, reflexiones, posturas, opiniones de algo que poco entiendo y que más bien me produce la sensación que deben haber tenido los indios yaganes cuando les ofrecían botones y espejos.
Quizá sea también pura y santa melancolía. De los que no alcanzamos a subir a ese tren que anda tan rápido, o no quisimos o no pudimos o tuvimos miedo y vemos cómo el escenario cambia de colores y de formas hasta el punto en que se nos pierde lo figurativo. No creo que sea algo a lo que haya que resistirse y entiendo que todas esas herramientas pueden usarse a favor de quienes quisiéramos construir realidades más creativas y más propias.
Pero tengo esa sensación de balsa metida en el océano y eso a veces produce cierta nostalgia de atardecer.

Un besito,

Mónica.
Marcelo Rioseco El 03 de junio a las 15:24
Hola Mónica...

Me da alegría leerte después de tanto tiempo, y ver cómo, detrás de tu mensaje, estás tú... Esa amiga de la universidad que se estremecía con las palabras sonoras de Nicolás Guillén.

Tal como lo sugieres en tu mensaje, concuerdo contigo en que el mundo ha cambiado... y muy rápido. Esto de la tecnología le ha quitado el aroma de papel y de biblioteca a los libros. Yo recuerdo que sólo hace un par de años (apenas casi 20), cuando éramos estudiantes de letras en ese edificio con forma de monasterio, disfrutaba teniendo en mis manos textos exclusivos, de escritores que admiraba y que admiro, y que en cada página y en cada capítulo develaban algún tipo de verdad o de mundo o de sensación o de textura que para mí eran desconocidos. Podía estar tardes enteras, o mañanas, en un relato literario, filosófico, político o teológico que tenía princpio y fin.

Hoy pareciera que no hay principio ni hay fin; no hay orden. Por el contrario, cotidianamente vivo abrumado por información que viene de todas partes. O tal vez y mejor dicho, yo voy a ella desde cualquier parte, de acuerdo a impulsos sin articulación. Como funciona el zapping. Estar en todos los canales y en ninguno, al mismo tiempo, escuchando miles de cosas pero sin atender ninguna en profundidad.

Creo que yo también he sido afectado por el colapso que se trasluce en tu mensaje. Sin embargo, es probable, que yo me haya sumergido antes que tú en este océano confuso de información digital interconectada. Además con alevosía y premeditación, ya que poco después de salir de la universidad, enseñar a utilizar las TIC a los profesores se convirtió en mi trabajo.

De todos modos, yo tengo la convicción que si bien, las tecnologías de información y de la comunicación que usamos en la actualidad tienen mucho de maravilloso, también hay mucho de mentira y de manipulación. Aquella promesa de que vamos a mejorar nuestras vidas mientras más y mejor usemos los computadores, los celulares, los televisores digitales, es, a decir lo menos, relativo. Tal como es absurdo pensar que este tipo de recursos son nuestros enemigos, es tan absurdo y ridículo creer que en sí mismos nos hacen más felices y comunicados.

Actualmente mi tema, mi gran tema de interés, es denunciar cómo aquellos grupos de poder de siempre están tratando, casi con desesperación, de mantener sus garantías y privilegios en un mundo que ha cambiado de forma. Si antiguamente la propiedad intelectual protegía a pensadores y escritores de los monarcas y los hombres poderosos que eran dueños de las imprentas, hoy constituye el principal respaldo que poseen los países ricos y las multinacionales productoras de bienes cuyo valor agregado es el conocimiento o la entretención. Hay mucha manipulación al respecto y hay muchos intereses en juego.

Abrazos

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